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LA FEMINIZACIÓN DEL FENÓMENO MIGRATORIO, UN CAMINO DE LIBERACIÓN TRUNCADO
19/12/2011
Fuente: Ameco Press
Ayer se celebró el Día Internacional de las Personas Migrantes. En todo el mundo y en numerosas ciudades de España tuvieron lugar marchas, concentraciones y acciones a favor de los derechos de las personas migrantes, refugiadas y desplazadas y en contra del racismo. Las mujeres cobran cada vez más importancia en este proceso.
El día vino precedido este año por una semana convulsa en la que diversas organizaciones habían denunciado a través de informes y testimonios, la vulneración sistemática de derechos en los CIE (Centros de Internamiento) y el desarrollo de redadas discriminatorias por parte de la policía a la población extranjera.
“¡Ningún ser humano es ilegal!”, gritaron miles de personas en las manifestaciones convocadas ayer en varios puntos de España. Integrantes de organizaciones especializadas en inmigración y derechos humanos, y del Movimiento 15 – M e inmigrantes reclamaron con marchas festivas el cierre de los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE).
“Personas privadas del derecho a la intimidad, a la asistencia jurídica, a la integridad moral y a la propia dignidad”, esta es la principal conclusión del ‘Informe CIE, Derechos Vulnerados’ presentado por la red euroafricana Migreurop con motivo de la Semana por los Derechos Humanos y del Día Internacional de las Personas Migrantes.
El informe es fruto del trabajo realizado durante el año por la organización dentro de la iniciativa Migreurop España y que ha contado con la visita a cuatro centros, concretamente a los de Málaga, Algeciras, Madrid y Barcelona.
Las conclusiones del documento evidencian que las personas que se encuentran internadas en los CIE deberían estar en centros especiales sin carácter penitenciario y tener mejores condiciones que los presos, ya que no han cometido ningún delito, sino una falta administrativa como es no tener la documentación en regla.
No obstante, aseguran, “la realidad es que estas personas están encerradas en verdaderas cárceles con condiciones muy inferiores a las que tienen en los centros penitenciarios y se encuentran privadas de derechos fundamentales tales como el derecho a la intimidad, a la asistencia jurídica, a intérprete, a la integridad moral, a la confidencialidad, y en algunos casos, como en el del CIE de Algeciras, al derecho a la dignidad con la práctica del desnudo integral previo al ingreso en el centro”.
Numerosas organizaciones vienen reclamando el cierre de estos centros. Mientras esto llega, apuntan, “es prioritaria la aprobación de una ley orgánica que regule el funcionamiento de los CIE, para que no se produzcan más atropellos a los derechos de las personas”, regulación que ha sido respaldada ya por más de 40.000 firmas y 400 entidades en una reciente campaña.
Víctimas de trata
Un colectivo especialmente sensible que se ve inmerso en estos mecanismos de expulsión y represión son las víctimas de trata. “Teóricamente tienen derecho al asilo” explicaba recientemente para AmecoPress Gema Fernández de Women’s Link Worldwide, “sin embargo, en la práctica la gran mayoría son deportadas o pueden acceder a protección si colaboran con la policía”.
Las organizaciones vienen denunciando casos concretos de mujeres que, habiendo sido explotadas sexualmente y manifestando su intención de colaborar con la policía, no reciben protección y por el contrario, se enfrentan a deportaciones y órdenes de expulsión.
La única víctima de trata que ha conseguido salir de un CIE a través del período de reflexión es A.M, de Ghana. Esta joven llegó en patera a Motril, donde fue enviada a un hospital y a pesar de sufrir una enfermedad infecto-contagiosa la internaron en el CIE de Málaga sin tratamiento. Tras presentar una queja al Defensor del Pueblo estatal por su estado de salud y por la posibilidad de ser víctima de trata y solicitar a Subdelegación del Gobierno en Granada el período de reflexión, el 9 de julio del 2010 se le concedió.
Redadas racistas
Asimismo, la mayoría de las organizaciones sociales que trabajan con inmigrantes en España (desde la asistencial católica Cáritas hasta la activista Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos) han denunciado en los dos últimos años los controles de identidad selectivos que realiza la Policía a personas extranjeras, únicamente cuando sus rasgos étnicos son diferentes de los prototipos europeos.

Esta semana Amnistía Internacional (AI) se sumó a esta reivindicación con la presentación del informe ‘Parar el racismo, no a las personas: perfiles raciales y control de la inmigración en España’. La organización subrayó el carácter "discriminatorio, ilegal y humillante" de estas prácticas, y exigió al nuevo Gobierno dos acciones: que reconozca que la Policía realiza este tipo de "controles raciales" y que los prohíba expresamente.
A pesar de la denuncia casi unánime de las ONG (respaldada también por los sindicatos de Policía SUP y UFP), el Ministerio del Interior siempre ha negado que se realicen estas prácticas o que haya dado instrucciones a los agentes para salir a la captura de inmigrantes en situación irregular.
Muchas de estas organizaciones denunciaban también que, paradójicamente, en la semana en que el mundo celebra la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Día Mundial de las Personas Migrantes, en España se abría la puerta a la realización de un nuevo vuelo de deportación masiva de inmigrantes hacia Dakar, Senegal; una avión con un grupo indeterminado de personas que han sido especialmente trasladadas al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche, Madrid, para ser expulsadas.
Feminización del proceso migratorio
A comienzos de 2010, había en España más de 2,7 millones de mujeres extranjeras empadronadas, que representaban el 47,5 por 100 del total de personas extranjeras en nuestro país y el 11,5 por 100 del total de población femenina.

Los perfiles de la inmigración han ido cambiando con el curso de los años: actualmente, más de un 40 por 100 de las mujeres extranjeras procede de la Europa comunitaria. Las cinco nacionalidades con más presencia en España, son, tanto para hombres como para mujeres, la rumana, la marroquí, la ecuatoriana, la británica y la colombiana, por este orden.
La feminización del fenómeno migratorio, más acusada en España que en otros países europeos de tradición inmigratoria, se manifestó hasta los primeros años 90 en un porcentaje de mujeres que llegó incluso a ser ligeramente superior al de los varones (un 51 por 100 según el censo de 1991) si bien a partir de entonces se ha producido una reducción paulatina de esta participación de mujeres sobre el total, que, no obstante, sigue siendo alta (un 47,5 según el padrón municipal, en enero de 2010). Por otro lado, existen aún reseñables diferencias entre nacionalidades y continentes de procedencia en el porcentaje de mujeres frente al de hombres.
Suma de discriminaciones
Este fenómeno migratorio, para las mujeres, podría significar un camino para la superación de las injusticias que sufren por el hecho de ser mujeres.
Por un lado, la inmigración no es ya un proyecto vital exclusivamente emprendido por los hombres, y lo que es más relevante, las mujeres ya no sólo emigran para reagruparse con sus familias en el país de destino, sino que, movidas ellas también por la necesidad económica, son a menudo las que inician el viaje migratorio en busca de un trabajo mejor, lo que les da cierta autonomía.

También aumenta el número de mujeres que emigran para escapar de los controles sociales opresivos y los estigmas denigrantes que en muchos países pesan sobre ellas.
Sin embargo, los empleos que consiguen las mujeres inmigrantes están muy por debajo e sus conocimientos y experiencias, y los salarios que obtienen son por término medio un 35 por ciento más bajos que los de los hombres. La división de los sectores laborales está sexualizada y también lo está la exportabilidad de las capacidades adquiridas en los países de origen - siempre con ventaja para los varones.
Además, en estos momentos de crisis, las mujeres extranjeras en España experimentan un alto grado de incertidumbre en torno a su futuro: al impacto del desempleo en su propio entorno se suma el efecto del alargamiento en la situación de desempleo en el conjunto de los hogares, que da lugar a que estos prescindan del consumo de gran cantidad de servicios, un sector en el que trabajan buena parte de las mujeres inmigrantes.
A estas situaciones económicas, que golpean de manera especial sobre mujeres e inmigrantes, hay que añadir la influencia de un sistema que no solo no protege a las personas en situación de vulnerabilidad, sino que no respeta sus derechos fundamentales, como demuestran los informes recientes de las organizaciones que trabajan por los derechos humanos de las personas migrantes en nuestro país. En este caldo de cultivo, es fácil que se añadan discriminaciones y otras formas de violencia, como las ejercidas en función del género.
Ahora bien, no se puede poner puertas al mar. Asistimos a un proceso de desplazamiento de personas en todo el mundo, de intercambio cultural, social y personal que no va a detenerse y que puede significar un cambio muy positivo para la humanidad. Sin duda que las mujeres tomarán las riendas de su destino en esa transformación mundial que los procesos migratorios –entre otros factores- están alentando.



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